sábado, 6 de julio de 2019

Las apps y el amor... 1

Hacía casi un mes que hablaban, como sucede últimamente se conocieron por medio de una app de esas que están tan de moda en estos tiempos.
Cami estaba aterrorizada. Había llegado al restaurante con tiempo, de hecho, hizo lo posible para organizarlo todo y llegar antes.
La idea era poder acomodarse y tranquilizarse, pero solo lo consiguió a medias.
Cuando se llega a la edad adulta, soltera, no es fácil conocer hombres. Sin mencionar que las mujeres nos volvemos... ariscas (quizás sea una buena elección de palabra). Nos acostumbramos a vivir solas, a resolver nuestros problemas y altibajos emocionales, solas. Nos hacemos fuertes. Tanto, que cuesta volver a darle espacio a otro en esa vida robusta, cómoda y sin amenazas que nos armamos.
Mientras esperaba miraba alrededor, las otras mesas, parejas que parecían perfectamente cómodas juntas... y sintió cierto cosquilleo de envidia.
Sonó el celular: "No te veo, estás adentro?"
- Sí, apenas te escucho...
- Pero, dónde estás?
- Vas a tener que entrar, estoy en una mesa detrás de la puerta.
Cortó. Cortó con un rayo de incertidumbre que le recorrió la espalda. Y siguió esperando, dudaba si mirar la puerta o hacerse la relajada y mirar a otro lado.
Pero inmediatamente lo sintió cuando cruzó la puerta y miró, miró descaradamente.
Él se acercaba con una sonrisa que a ella le daban ganas de mirar el suelo.
Cuando él se sentó a la mensa y la saludó sus nervios la estaban matando. Quería moverse, hablar o salir corriendo.
Mariano le dijo algo y ella se disparó a hablar, de cualquier cosa, no importaba qué. Algo que no la hiciera mirarlo directo a los ojos, algo que hiciera menos íntimo ese momento.
Su voz sonaba tal como la recordaba. Suave, tranquila, dulce. De pronto se le vinieron a la cabeza retazos de conversaciones y, otra vez, quiso salir corriendo del restaurante sin mirar atrás.
Él le preguntó si quería café, eran las 9.30 pm así que se atrevió a decirle que prefería vino, necesitaba vino, porque estaba muy nerviosa.
Mariano se rió, pero pidió el vino.
Mientras el mozo se retiraba con el pedido, él le acarició la mano que descansaba cerca de la mitad de la mesa.
Sintió un latiguillo suave y cálido, estaba calmándole el corazón. No se sentía mal, se sentía increíble. Raro, extraño, afectuoso... cuánto hacía que alguien no se portaba cariñoso con ella?
El mozo llegó, sirvió el vino, tomó el pedido de la cena y desapareció sin casi decir nada.
Cami sintió como se reconectaba con su feminidad, su vulnerabilidad y cómo se le abría un poco más el corazón.
Por un rato, dejó de tener miedo. Dejó de pensar todo lo que podía salir mal. Se olvidó de la distancia, de que los dos tienen horarios imposibles y responsabilidades.
Comieron tranquilos, relajados, mirándose, tocándose las manos...
Se sentaron en una escalinata, en una esquina medio oscura, con un barcito que seguía abierto aunque era tarde.
Se besaron y se susurraron cosas tiernas. Él la abrazó y ella sintió como terminaba de derretirle el corazón.
Cami con no pocas dificultades le dijo que esa noche no. Que si volvían a verse... Ella se subió a un taxi, él le pidió que le avise cuando llegara a casa para saber que estaba bien. Y ella no quiso mirar atrás, a todo eso que le había dejado entre los brazos y los rizos del pelo. Los besos, los miedos, los deseos, la esperanza. No quiso volverse a mirarlo, pero sintió como el corazón le revoloteaba de nuevo en el pecho.
Por un mes volvieron a hablar, se pelearon pro primera, segunda y tercera vez. Y todas esas veces volvieron para decirse "te extraño" y arreglar las cosas.
Parece que ahora, dentro de poco, se van a ver de nuevo...


Un par de veces retiró la mano mientras trataba de sostener algún tipo de conversación, pero él despacito se la volvía a agarrar aunque sea para hacerle un mimo o dos antes de que Cami la sacara de nuevo.
De pronto, como si un haz de lucidez le pegara en la frente se dio cuenta que hacía rato que Mariano apenas hablaba...
Entonces lo miró. Levantó la cabeza, abrió los ojos y el corazón y lo miró.
Él le sostenía la mano, sonreía y la miraba de frente, con una especie de dulzura, ternura, comprensión... eran los ojos marrones más amorosos que había visto... en años!
Y se quedaron así, mirándose, por un rato. Cami no retiró la mano, sino que entrelazó los dedos con los de él. Y ya no sintió la necesidad de hablar para superar el silencio, para no hacerse cargo de la intimidad de ese momento.
Se estaban viendo y tocando por primera vez en un mes. Se habían contado muchas cosas, se habían reído de otras...
Ellos seguían tomados de la mano, mirándose... en un suspiro, él se levantó, pasó el cuerpo por encima de la mesa y la besó. Fue tierno, decidido, amable.
Cuando salieron del restaurante era tarde, pero ninguno quería separarse. 
M - Damos una vuelta? Ya no sé ni para dónde queda el hotel...
- jajaja dale, caminemos un poco y te acerco...
Caminaron de la mano, besándose cada tanto como dos chicos enamorados... Ella amaba la sensación de tener que ponerse en puntas de pie para besarlo... aunque llevara tacos.
La abrazó suave, pero firme... y por unos minutos no la soltó. Cami se sintió protegida y segura... en años. Si pudiera elegir, ese abrazo no se hubiera terminado nunca.
Un loco pasó en moto y gritó en la esquina ¡Viva el amor!
Ellos se soltaron, se miraron y no podían parar de reírse. Esas cosas te pasan a los 15, no a los 40. Pero ahí estaban, robando tiempo a la noche, guardando besos hasta en los bolsillos mientras una esquina en penumbras les hacía de refugio.
Mariano la invitó a dormir con él. Solamente para perpetuar por unas horas más el abrazo, el calor, la compañía y eso que los dos sentían que estaba naciendo...

2 comentarios:

Zeta dijo...

Bueno, cuando apareció Mariano sombrío en el bar, pensé que le iba a decir "estoy embarazado; embarazado de otra. Así que... dejemos esto por acá..."
Aunque no sé bien por qué. Eso cambiaría toda la historia. Quedaríamos los lectores buscándole una vuelta bastante esquiva.

→FAIRY ♥ KAMI← ® dijo...

Zeta, que agradabñe saber de ud.!!! Como le va la vida? Tanto tiempo!
Mariano podría haber estado embarazado de 9 meses y no decírselo, quise escribir como seguía la historia, pero no tuve ganas de romper la calidez de la primer entrega... Si Mariano hubiera sido mujer, ciertamente tendría problemas para determinar la madre/padre del hijo/a jajajajaja