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lunes, 14 de enero de 2008

CARTA ABIERTA A PETER PAN

Hola a todos! Empiezo este texto con un par de aclaraciones. La primera es que es una carta abierta, no hace falta mencionar para quién. La segunda aclaración, es que me gustaría mucho que pudieran opinar sobre ella, lo que digo, lo que piensan, lo que les nace. La tercera, es que se agradecerán los consejos y todo el intercambio que quieran y puedan hacer tanto conmigo como con los demás participantes.
¿Porqué? Bueno, si bien es una declaración es abierta, pública. Y es así porque estoy perdida, sin rumbo y considero que nadie mejor para ayudarme a recuperarlo que aquellos que me aprecian o quieren.
Dicho esto, mejor no doy más vueltas y comienzo.

Desde que te fuiste Rosario no es la misma. Sigue saliendo el sol, todavía es húmeda, la gente sigue paseándose por el parque, tomando mates y sol. Algunos barcos siguen anclándose ahí cerquita, en mitad del río. Pero no es la misma. Es un poco más fría. Le falta picardía.
Las calles siguen limpias, diáfanas. El del videoclub me preguntó por vos. Los guardias me hacen chistes al pasar, como preocupados.
Incluso Franco me llama de cuando en cuando con cualquier excusa tonta para después de un rato soltar un: "¡Que lástima hermana, era bueno el flaco!". Le respondo aclarando "es bueno" y me responde con una risita incómoda.
Los fines de semana todos nos paseamos mirando la puerta y el teléfono, se nota lo muchísimo que te extrañamos. Porque todos te amamos, a todos nos dejaste algo lindo, algo que recordar, algo tuyo que atesoramos. Solamente nos sostiene saber que estás bien.
Ya casi no voy al río. Demasiados recuerdos para enfrentar ahora. No sé si podría dejar de mirar ese árbol del helado con lluvia sin escuchar nuestras risas y vernos chorreando agua como dos pollitos mojados.
Arsenio (mi perro, nuestro perro) olisquea la correa como vos le enseñaste y yo lo miro con cierta pena, como diciéndole que hoy tampoco soy capaz de sacarlo. Y no, no se produjo ningún milagro, no aprendió repentinamente a agarrarla o morderla, muchísimo menos a traerla para que lo saquen. Pero la huele, se para en dos patas y me mira.
Y sí, estoy triste, tanto como se puede y me dejan. Pero me esfuerzo por seguir haciendo las cosas elementales ¡como para que encima no me echen de mi casa!.
La mamá de Laura sigue mal, este fin de semana viajó de nuevo. El trabajo sigue igual y me ayuda a no perder la compostura.
Sigo haciendo esfuerzos sobrehumanos para entender y aceptar lo que no entiendo, así sin más. Sin pedir explicaciones que no explican nada.
Estoy pensando cosas para hacer que llenen mis días, mis horas, mis minutos. Cosas para salir adelante, para dejarte ser.
No, no dejé de amarte mi querido Peter Pan. Vos podés ya no querer ser para mí, pero siempre vas a ser mi Peter Pan. Dudo mucho que otra persona elija también esa forma de llamarte, así que me la quedo. ¿A quien puedo hacerle mal con eso?
No dejé de amarte ni un poquito. Pero te amo con respeto, el que vos te merecés. Te amo sin quererte como posesión, sólo por amarte. Sólo porque lo siento así.
Y los sábados en la cama sigo escuchando al padre ese que se pelea con su hijo. Y al nene que grita como si lo estuvieran matando. Un día de estos subo y les grito todo lo que nadie les gritó para exorcizar el recuerdo de lo que nunca hicimos.
Acá quedó como la última hoja de un árbol otoñal la remera de la lluvia. La colgamos en el tender y te la olvidaste. Sé que no importa, que no es de las que más te gustaban, aunque ese día dijiste que así, mojada, estaba buena. Me mira cada vez que entro a la habitación. Y antes de que te lo preguntes: No, no la uso para dormir, porque no dormiría de tanto pensar en vos.
Rosario ya no me incita a buscarle lugares nuevos, porque todo el roperito que yo quiero duerme en mi placard representado por un vestido amarillo, una campera plateada y una cartera.
Sé que nunca me leías, a menos que te lo pidiera. Seguramente seguís sin leerme. Es probable que nunca leas esto. Pero solamente quería contarte que Rosario sigue linda, muy linda, pero vacía sin vos. Le falta un pedacito de alma, ese pedacito mío que siempre te llevabas cuando no estabas conmigo y volvía con el reencuentro. Ese pedacito que no sé si alguna vez regresará.
Quería decirte que Rosario dejó sus puertas abiertas para vos, para cuando quieras vivirlas, recorrerlas, mirarlas de nuevo, con esos ojos verdes que una vez la hicieron vibrar.
Rosario ya no sonríe con esa sonrisa que tanto te enamoró, tiene una nueva, parecida pero distinta. Rosario sigue mutando, cambiando, metamorfoseándose, pero te dejó el camino por si quisieras volver. Para que vuelvas a encontrarla, a descubrirla, a respirarla. Rosario tiene un abrazo presto para vos. Una palabra cálida y un "te quiero" a flor de piel.