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sábado, 6 de julio de 2019

Las apps y el amor... 1

Hacía casi un mes que hablaban, como sucede últimamente se conocieron por medio de una app de esas que están tan de moda en estos tiempos.
Cami estaba aterrorizada. Había llegado al restaurante con tiempo, de hecho, hizo lo posible para organizarlo todo y llegar antes.
La idea era poder acomodarse y tranquilizarse, pero solo lo consiguió a medias.
Cuando se llega a la edad adulta, soltera, no es fácil conocer hombres. Sin mencionar que las mujeres nos volvemos... ariscas (quizás sea una buena elección de palabra). Nos acostumbramos a vivir solas, a resolver nuestros problemas y altibajos emocionales, solas. Nos hacemos fuertes. Tanto, que cuesta volver a darle espacio a otro en esa vida robusta, cómoda y sin amenazas que nos armamos.
Mientras esperaba miraba alrededor, las otras mesas, parejas que parecían perfectamente cómodas juntas... y sintió cierto cosquilleo de envidia.
Sonó el celular: "No te veo, estás adentro?"
- Sí, apenas te escucho...
- Pero, dónde estás?
- Vas a tener que entrar, estoy en una mesa detrás de la puerta.
Cortó. Cortó con un rayo de incertidumbre que le recorrió la espalda. Y siguió esperando, dudaba si mirar la puerta o hacerse la relajada y mirar a otro lado.
Pero inmediatamente lo sintió cuando cruzó la puerta y miró, miró descaradamente.
Él se acercaba con una sonrisa que a ella le daban ganas de mirar el suelo.
Cuando él se sentó a la mensa y la saludó sus nervios la estaban matando. Quería moverse, hablar o salir corriendo.
Mariano le dijo algo y ella se disparó a hablar, de cualquier cosa, no importaba qué. Algo que no la hiciera mirarlo directo a los ojos, algo que hiciera menos íntimo ese momento.
Su voz sonaba tal como la recordaba. Suave, tranquila, dulce. De pronto se le vinieron a la cabeza retazos de conversaciones y, otra vez, quiso salir corriendo del restaurante sin mirar atrás.
Él le preguntó si quería café, eran las 9.30 pm así que se atrevió a decirle que prefería vino, necesitaba vino, porque estaba muy nerviosa.
Mariano se rió, pero pidió el vino.
Mientras el mozo se retiraba con el pedido, él le acarició la mano que descansaba cerca de la mitad de la mesa.
Sintió un latiguillo suave y cálido, estaba calmándole el corazón. No se sentía mal, se sentía increíble. Raro, extraño, afectuoso... cuánto hacía que alguien no se portaba cariñoso con ella?
El mozo llegó, sirvió el vino, tomó el pedido de la cena y desapareció sin casi decir nada.
Cami sintió como se reconectaba con su feminidad, su vulnerabilidad y cómo se le abría un poco más el corazón.
Por un rato, dejó de tener miedo. Dejó de pensar todo lo que podía salir mal. Se olvidó de la distancia, de que los dos tienen horarios imposibles y responsabilidades.
Comieron tranquilos, relajados, mirándose, tocándose las manos...
Se sentaron en una escalinata, en una esquina medio oscura, con un barcito que seguía abierto aunque era tarde.
Se besaron y se susurraron cosas tiernas. Él la abrazó y ella sintió como terminaba de derretirle el corazón.
Cami con no pocas dificultades le dijo que esa noche no. Que si volvían a verse... Ella se subió a un taxi, él le pidió que le avise cuando llegara a casa para saber que estaba bien. Y ella no quiso mirar atrás, a todo eso que le había dejado entre los brazos y los rizos del pelo. Los besos, los miedos, los deseos, la esperanza. No quiso volverse a mirarlo, pero sintió como el corazón le revoloteaba de nuevo en el pecho.
Por un mes volvieron a hablar, se pelearon pro primera, segunda y tercera vez. Y todas esas veces volvieron para decirse "te extraño" y arreglar las cosas.
Parece que ahora, dentro de poco, se van a ver de nuevo...


Un par de veces retiró la mano mientras trataba de sostener algún tipo de conversación, pero él despacito se la volvía a agarrar aunque sea para hacerle un mimo o dos antes de que Cami la sacara de nuevo.
De pronto, como si un haz de lucidez le pegara en la frente se dio cuenta que hacía rato que Mariano apenas hablaba...
Entonces lo miró. Levantó la cabeza, abrió los ojos y el corazón y lo miró.
Él le sostenía la mano, sonreía y la miraba de frente, con una especie de dulzura, ternura, comprensión... eran los ojos marrones más amorosos que había visto... en años!
Y se quedaron así, mirándose, por un rato. Cami no retiró la mano, sino que entrelazó los dedos con los de él. Y ya no sintió la necesidad de hablar para superar el silencio, para no hacerse cargo de la intimidad de ese momento.
Se estaban viendo y tocando por primera vez en un mes. Se habían contado muchas cosas, se habían reído de otras...
Ellos seguían tomados de la mano, mirándose... en un suspiro, él se levantó, pasó el cuerpo por encima de la mesa y la besó. Fue tierno, decidido, amable.
Cuando salieron del restaurante era tarde, pero ninguno quería separarse. 
M - Damos una vuelta? Ya no sé ni para dónde queda el hotel...
- jajaja dale, caminemos un poco y te acerco...
Caminaron de la mano, besándose cada tanto como dos chicos enamorados... Ella amaba la sensación de tener que ponerse en puntas de pie para besarlo... aunque llevara tacos.
La abrazó suave, pero firme... y por unos minutos no la soltó. Cami se sintió protegida y segura... en años. Si pudiera elegir, ese abrazo no se hubiera terminado nunca.
Un loco pasó en moto y gritó en la esquina ¡Viva el amor!
Ellos se soltaron, se miraron y no podían parar de reírse. Esas cosas te pasan a los 15, no a los 40. Pero ahí estaban, robando tiempo a la noche, guardando besos hasta en los bolsillos mientras una esquina en penumbras les hacía de refugio.
Mariano la invitó a dormir con él. Solamente para perpetuar por unas horas más el abrazo, el calor, la compañía y eso que los dos sentían que estaba naciendo...

martes, 23 de diciembre de 2014

Velos Desiertos

Rayaba el sol con un crayón de cera azul... "el sol es de fuego, por eso tiene azul".
Cantaba horrible, como una uña arañando el pizarrón.
Bebía con detenimiento, a menos que quisiera llorar.
Comía con deleite, cocinaba con amor.
El café le sabía mal, a menos que fuera una lágrima.
La casa se nublaba con el humo.
Las flores la seducen, el tiempo la engaña, el agua no sabe más que a lluvia, 
por la mañana.
Y se caen las dudas, se desvisten las horas, se moja el olvido.
Se arraciman las esperas, se divierten los sueños, se gasta el pesar.
Cambian los días, las sonrisas, los chistes, las canciones, los árboles que se llenan de flores,
el maullido del gato, el tiempo del piano, las voces, los anhelos,
extraños que se extrañan,
velos desiertos.

domingo, 19 de enero de 2014

Es tan corto el AMOR y tan largo el OLVIDO...

Sabina parafrasea a Neruda y dice: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido..."
Y es tan cierto como que hoy me encontré recordándote.
Han pasado tantísimos años que ya ni siquiera espero que leas mi blog.

Si alguien me desafiara a una apuesta, apostaría que no.
Y, sin embargo, la vida y la memoria son dos perras estériles que se regodean en el puto infierno del dolor, de lo que no fué, de lo que ya pasó.
Así, tu recuerdo vuelve a mí. Vuelve al dolor y se recuesta un poco en él.
Hace años, algunos años, que me cuesta llorar. Me convencí que tenía que vivir día a día y que el sufrimiento es optativo. El dolor impacta en el momento y es inevitable, pero el sufrimiento es optativo. Eso dicen.
Eso elegí creer.

Y con la práctica, se convirtió en una especie de realidad. Puedo elegir no sufrir. No sufrirte.
Y pienso en vos y es como una caricia. Pero si quiero vaciarme de vos, las lágrimas no se asoman. Tienen miedo de no poder parar.

Pero hoy lloré, lloré como hacía tiempo no lloraba. Lloré para vaciarme.
Y no tuve mejor idea que mirar  los antiguos mails. Y descubrí dolores que había olvidado que estaban allí.

Palabras cariñosas pero hirientes como un millón de dagas cubiertas de sal.
También me dí cuenta que esas palabras llegaron entre un 16  y un 27 de Enero. Y atiné a pensar: Caramba! Justo en estas fechas.
Y es que la vida no es casual, es causal.
Y es que quizás necesitaba llorarte de tanto privarme.

Y es que tal vez, pueda soñar una vez más, que te exorcisé.

miércoles, 25 de enero de 2012

CORAZÓN DE MUJER

Siempre creyó en la magia, en aquellas cosas que "son invisibles a los ojos". Devoró libros, pinturas, imágenes; de hadas, unicornios, hechiceros, brujas, dragones... leyendas, cuentos, historias antiguas, escritas, de transmisión oral... de generaciones que ya no oían el llamado de la tierra ni se dejaban acariciar por el sol. Absorviendo lo que no era suyo porque ella sí sabía bailar bajo la lluvia.

Con el fuego llegó la serenidad, la paz de su mediodía. Llegaron las notas ligeras del rocío que se riega sobre las hojas. Con el fuego se consagró y puso su frente mirando siempre a la luna. Orgullosa, magistral y feliz se consumió en su propia grandeza y completud. 
Cuando la veían pasar muchos temían, otros se alejaban, unos pocos la comprendían pero casi nadie la conocía. Conocerla realmente, con su luz, su brillo, sus manos aladas y la arrolladora certeza de su ser.

Caminaba por la vida con la sonrisa bailándole en el rostro. Sabía que la dicha se escoge como forma de vida, que no se necesitan sucesos socialmente notables para ser feliz. El sólo hecho de sentir el calor tibio del sol sobre la piel, la brisa de un atardecer jugando en el rostro, la vista del río que corre pacífico, un cachorro de perro que se deleita persiguiendo a los pájaros... cada maravilla, de cada segundo en que uno pueda detenerse, parar el mundo y disfrutar... trae consigo la felicidad y la dicha.

Ella se abrió, se despojó de todo, menos el corazón. Como todos los animales, corren libres como el viento y sólo pueden ser domesticados, frenados, por un llamado más fuerte que el de "lo salvaje". El del corazón.

Cuentan que por ello pudieron domesticar a la mujer loba y someterla. Dicen que el amor y la confianza es la única forma de cazar y apresar sin necesidad de matar.

Y ella descuidó en su felicidad el corazón. Su corazón. Dicen que una luz cálida lo rodeaba, que ella a todos les contaba que lo había visto brillar.
Nadie le creyó o nadie lo entendió. Él no se destacaba precisamente por su espiritualidad, tampoco parecía ser distinto a los demás. Quienes la oían se preguntaban qué podía existir entre alguien "como ella" y alguien como él. 

Él encajaba perfectamente en todos lados. La sociedad del lugar se abría paso para dejarlo pasar. Ella apenas era mirada, al menos, hasta que sonreía. Con sus labios iluminaba como la luz de la luna que la bañaba. Y nadie sabía que podía ver en él.

Pero la luz que la unía como un delicado hilo de plata a él, sólo ella la escuchó llamarla. Él no pudo oirla, verla. Solamente y sin querer, la sintió alejarse.
Algunos creen que ni siquiera se percató de su cabeza baja, de sus brazos caídos y la espalda doblada por un peso invisible.

Quienes más veían, sintieron el sutil sonido de sus alas quebrarse. Aquellos de corazón abierto presintieron su pesar, y sin que fuera pronunciado, en sus cabezas el lamento retumbó.

Ella se escapó de nuevo a sus libros, sus hojas, su sol que entibió la sangre que se le había helado. Se dejó arropar por la brizna verde del parque. Miró a la luna, se miró a sí misma, llamó a sus dragones para que con su aliento la ayudaran a respirar libre de nuevo... y dejó irse su corazón, allá dónde el río quisiera llevarlo.
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domingo, 3 de abril de 2011

REFLEXIONES ALUNADAS

Era otoño, quizás como el que abre sus alas en este momento... Pensaba en el Cristal de Cuarzo Rosa que colgaba de mi cuello...

La mujer que me lo vendió aseguró que era para mejorar las relaciones amorosas... la pasión, el amor... bueno, ese tipo de cosas... Pura superchería, pensé.
Cuando las mujeres estamos desesperadas, apelamos a cualquier estupidez que nos vendan.

¿Estoy realmente desesperada? NO. No busco "cualquier tipo", no busco "cualquier cosa", quiero amor. Quiero enamorarme, sentir mariposas y alguien que haga temblar todo mi cuerpo.
Entonces ¿por qué uso estas porquerías? Porque las piedras mantienen la energía, la guardan, la atesoran...

Sin embargo, la letra de Sabina es cada vez más certera: "puedo ponerme digno y decir 'toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato… me llamas'”.

Abundan. Abundan los amores baratos, los tipos de cartón, las mujeres de plástico, que caminan por todos lados, exhibiéndose como si valieran por ese exterior que es de juguete... Por ese interior vacío, sin esperanzas, sin sentimientos, sin valores... Abundan los hombres de billetera, las mujeres de tetas de plástico y bocas de bótox... sin cerebros, mucho músculo y nada de neuronas...

Abundan los amores de una noche de alcohol, sin nombres, ni santo y seña. Abunda el Chandon que conquista más que quién lo provée... Abunda y sobra el maquillaje, la ropa de marca, el auto y las sonrisas falsas.

Abundan las ganas de encontrar amor dónde sólo hay sexo, un lugar cómodo, un departamento de soltero/a, una hora robada al olvido, un océano de ilusiones derribadas por el tsunami del amanecer...
Sobran las heridas de la realidad que se abre paso en medio de las horas... del celular que no suena... del vacío de la noche que se nos escapó, se fue, y ya es hoy...

Miró de nuevo el Cristal de Cuarzo Rosa, y pienso que nada nos aleja de la soledad, de la decepción, del permanente desamor...
De las personas que se conforman con lo que tienen a mano, solamente porque es "pájaro en mano"... y creen que eso, que tener a alguien, justifica todo y están por encima de los que conviven consigo mismos, con su soledad... tener a cualquiera, al que te hace mal, al que te aleja de los que te aman bien... es mejor que estar solo... JA!

Cualquiera que llene el vacío de mi vida, mis proyectos inconclusos, sin importar si esos proyectos incluían o no, la infelicidad... la peor soledad, la de estar acompañado... la tortuosa vida del que se sabe "no amado", prescindible... el "tapete de la relación"... Todos aquellos que eligieron el "mal acompañado antes que solo".

Porque es así, no todos estamos destinados al amor, al amor de tu vida que no coharta tu libertad, que su felicidad más plena es cuando vos estás felíz... el que sabés que te prohibe hablar con éste o con aquella.... el que te aleja de los afectos, el egoísta que sabe que si te deja ser, te pierde...

Al final... el Cristal de Cuarzo, solo puede darme energías... el Qué o Quién... el Por qué me quedo ó Por Qué lo elijo... siempre va a depender de mí.

Al fial, la felicidad la buscamos nosotros... encontrarla o no en alguien más, también es nuestra decisión... Parte de nuestro destino, es nuestra responsabilidad... y con la responsabilidad viene el deber.

ME DEBO A MI MISMA... uds. también.

lunes, 7 de diciembre de 2009

NOS COMUNICAMOS?

En este tiempo que llevo ausente, no he dejado de pensar en uno de mis últimos posts... dónde, como descuidadamente, deslicé un diálogo en el que dos personas que se amaban, tergiversaban de tal manera lo que sentían, que acababan peleándose.

Afortunadamente, como vaticiné en aquél entonces, ya están juntos de nuevo... cosas de la edad!!! Pero el tema no se agota... da para mucho más...
De hecho si lo he estado pensando en los últimos tiempos ha sido porque lo he visto repetirse una y otra vez... tanto en lo personal, como en otras personas...

Tenemos esas estructuras mentales y sociales, que nos hacen decir lo que no sentimos para que no nos lastimen, y finalmente el resultado, es precisamente el contrario al que deseamos en lo profundo de nuestro ser...

Una pareja discute e instantaneamente se distancia. Él en su idea, ella en la propia. Y ya no buscan conciliar, acercar distancias - ideas - conceptos - razones - acciones a seguir. Sino que cada cuál busca "ganar" (?) la discusión, con"vencer" al otro.

Una mierda cuando de una pareja se trata.

Entonces estamos en una guerra, dónde se tejen estrategias y se intenta adivinar la táctica del otro.

Una caca.

Porque si una de las dos partes no tiene "táctica o estrategia" y está hablando con el corazón, lo va a ver pisoteado por la persona que ama. Se sentirá ridículo y absurdo por haber intentado expresar lo que siente.


Y si en algo somos especialistas los seres humanos es en "evadir/huir del dolor", así que rápidamente aprendemos que la mejor forma para no sufrir es diseñar "una estrategia". Y ya tenemos la guerra armada en toda regla. Dos oponentes que "cuál generales de un vasto ejército" analizaran las vulnerabilidades de su contrincante, para usarlas en su contra.

Y todo por no ser lo suficientemente valientes como para relacionarnos honesta, franca y abiertamente con el otro.
Todo por no atrevernos a poner nuestro corazón en otras manos.
Todo por no elegir decir "te quiero", "te entiendo", "estoy con vos" o "¿que podemos hacer?", entendiendo que somos dos en el mismo barco... y que si se hunde, los dos perdemos.

Una de las grandes estupideces del ser humano, es no acabar de comprender, que en ninguna guerra hay ganadores, solo vencidos... Y esa misma estupidez nos hace llevarlo a cualquier ámbito de nuestra vida, pero quizás lo más doloroso, es cuando vemos desatarse estas batallas campales en nuestro propio hogar, con aquellas personas que más amamos.

Parece ser que socialmente, consideramos que solo se vence, cuando el otro se doblega. Y no entendemos que una pareja debe negociar, ambos han de poner un 50% de esfuerzo en que eso continue.

A veces, uno deberá ceder completamente ante algo que no le resulte importante, y si el otro merece nuestro amor, sabrá ceder completamente a su vez, en algo que no considere de importancia.
Porque a veces eso que a mi puede parecerme absurdo, puede ser enormemente importante para la persona que está a mi lado.
En otras ocasiones, habrá que negociar... y cada una de las partes tendrá que ceder una parte de su terreno para llegar a un acuerdo.

De lo contrario, una pareja, una amistad, una relación laboral (incluso)... se convierte en una relación de lucha de poderes. Y volvemos a la ley de la selva, dónde solo sobreviven los más aptos. Entendiéndose por aptos, aquellos que ostenten mayor fortaleza.

No obstante, no dejo de preguntarme si realmente la cobardía para decir lo que se siente a quemarropa, la falta de honestidad y el temor a ser lastimado o herido, es la única razón de nuestra in-comunicación.

A veces me pregunto qué pasa que cuando una de las partes intenta explicar esos sentimientos que se le escapan del cuerpo, el otro no puede percibir la importancia de lo que se le está diciendo y de alguna manera, acaba no escuchando. Ignora el sentimiento y continua discutiendo el discurso o ridiculizando el sentir del otro.

No creo que esas personas "prefieran", "elijan" o "decidan" ignorar el sentir de su pareja/amigo, me inclino más a pensar que sencillamente "no se dan cuenta" de que les hablan desde el corazón.

¿Será que nos hemos vuelto tan desconfiados? ¿Que hemos perdido la fe en el amor sincero? ¿Que ya no queremos apostar a algo duradero por que nos han convencido de que hasta los sentimientos son perecederos?

La nota positiva de todo esto, es que a pesar de la pésima comunicación emocional que tenemos los seres humanos, continuamos buscándola, aunque a veces parezcamos ciegos tanteando el aire, sabemos que hay algo por encontrar. Aún nos enamoramos, nos relacionamos, nos queremos (aunque con tropiezos), a pesar de las magulladuras que esto pueda causarnos.
Lo bueno es que sembramos esperanzas y cosechamos algunos amigos.

Lo bueno, es que aún creemos en el querer, en querernos, amarnos... y seguimos en el arduo camino de comprendernos.

miércoles, 2 de abril de 2008

OBJETOS MAGICOS

Yo vengo del país de nunca jamás. Un país de hadas y sirenas. Un país de fantasías y aventuras increíbles. Pero, por encima de todo, provengo de un país en el que nunca se dice jamás y jamás se dice nunca. Un país, donde todo es posible. Un país donde la magia se puede palpar en el aire. Un país donde lo incierto no tiene cabida, no tiene lugar. Es creer o reventar.

Y yo creo. Creo en los imposibles, creo en las dificultades que se enmarañan para luego disolverse como si nada pasara. Creo en el sueño y delirio de la gente. Creo en el valor de pelear contra molinos de viento y ver más allá del horizonte y ver una tierra encantada.

Y sin embargo, muchas veces el cuento se vuelve demasiado real, y aparecen brujas y ogros, altos arbustos de espinos, torres demasiado altas para ser trepadas, colchones con guijarros escondidos. Entonces me pregunto si verdaderamente mi mundo es tan mágico o la vida es tan sórdida. Porque veo en ambos, un poco de cada cosa.
Y entonces me pregunto, si hacer de la vida un lugar mágico no dependerá de nosotros. Miro alrededor, y no nos veo capaces de eso. No nos veo haciendo cosas alocadas para encontrarnos con nuestro final feliz. Veo miedo, desconfianza, responsabilidades adquiridas, lazos invisibles a los que nos atamos...
Es en ese momento, cuando escucho los nunca, los jamás, los olvidos, que retumban en mi pecho al son de la desdicha. Cuando dejamos de soñar, de escuchar el sonido de la tierra al girar alrededor del sol, cuando no vemos las hadas que nos miran embelesadas por nuestra tamañana belleza. Cuando dejamos de ver que en cada cosa que resignamos enseñamos más a resignar. Ponemos el punto sobre la "i" de la cobardía.
Hoy pienso en mis lazos invisibles, en mis sueños que se retuercen por todo mi cuerpo pugnando por salir. Pienso y reflexiono sobre la libertad que creemos que tenemos y no es más que un espejismo. Siento cuanto nos esclaviza querer, también cuanto nos libera.
¿Que es querer sino sentirse libre para todo pero atado a otro corazón? ¿Que sucede cuando ese querer es difícil de encarar? ¿A dónde se ata, con qué se libera?
No obstante, la pregunta principal es: ¿Acaso importa? ¿Realmente importa si nos atamos o liberamos cuando estamos queriendo...?
Entonces vuelvo a soñar y me dejo perder en mi país de nunca jamás, me dejo llevar por su brisa y acariciar por sus prados... me dejo caer en los brazos de sus árboles, mojarme con la tibieza de sus lagos, me dejo ir, me dejo vivir, sin pensar en mañana. Porque mañana es hoy, al fin y al cabo. Porque no hay nada que pueda pedir, solo quedarme a la vera de esos ojos a mirarlos partir.
No me quejo, no pido, no tengo. Solamente miro, toco, recuerdo. Me aferro a un talismán que cuelga de mi cuello, a unas hojas garabateadas en negro y el sonido gutural de las voces de "los alemanes", aunque bien pudieron ser polacos también. Y me quedo con eso, en mi país de nunca jamás, donde las cosas más fantásticas pueden suceder y los hechizos están a la orden del día. Me quedo con los gnomos del monumento, las hadas de las grandes escalinatas, el ogro sucio que duerme en la otra esquina... y espero. Espero por si la torre no fuese demasiado alta, por si los arbustos de espinos no pincharan demasiado, por si esta vez no me tocara a mi la manzana envenenada o el huso de la rueca maldita.


Fue magia de la más bella,

la de tus manos haciendo mimos,
la de tu sonrisa dura e impertérrita.
Fue un juego, que quedó en tablas,
un virage violento del destino.
Es todo y no es nada,
es silencio que ensordece,
es miel sin abrigo.
Es lo que quieras que sea,
es eso, y nada más.
Es eso y nada menos.
Es y fue... pero solo nosotros lo sabemos.
Me queda el talismán.


domingo, 10 de febrero de 2008

ENGAÑO

Anoche nos quedamos hablando con una amiga... digamos que "S", no sé hasta que hora. Ustedes, como ella (y como yo misma), sabemos que soy una persona que ha pasado por muchas cosas y que, con respecto a algunas, soy como... inflexible. Sí, sí... lo sé y lo reconozco. ¡Qué le vamos a hacer! Y, en honor a la verdad, muchas veces suelo ser muy poco "sutil" para expresar mis ideas, pensamientos, sentimientos.
Básicamente: Todo.
Por fortuna, mi amiga (como ustedes, como yo) ya lo sabe. ¿Que quiero decir con esto? Que se siente libre de ocultarme cosas cuando no quiere escuchar mi parecer, y que, cuando la circunstancia lo requiere (un poco de bestialidad), me confía sus dudas.
El tema de anoche era bastante complejo. Claro, para ella. Yo como de costumbre tengo una idea formada, de esas que me resultan "irrevocables".

El asunto en cuestión es que la engañaron. No sé si llamarlo infidelidad, porque es un caso peculiar, pero sí podemos hablar de un engaño. En fin, resumiendo: mi amiga está profunda y tiernamente enamorada del sujeto. Y parece que él está dispuesto a modificar la circunstancia que resulta incómoda. Ahora bien... ¿Se puede perdonar un engaño?

Ya, todos van a decir que "como poder, se puede" y estoy de acuerdo. Se puede. Pero, ¿es conveniente? ¿Estamos hablando de amor? ¿Del amor de él? ¿Del amor de ella? ¿O realmente en este caso puede existir "un amor de ellos"?

Yo he sido taxativa a este respecto toda mi vida. No perdono infidelidades. De ninguna manera. Y sí, he estado en la situación, he vivido la experiencia. Y es lo único que no estoy dispuesta a perdonar. Y vuelvo a responder: Sí, estaba enamorada del susodicho. Pero no perdoné.

Y, por supuesto, me asusta mucho ver a mi amiga predispuesta a perdonar el engaño, la mentira a la cara, la frialdad y el cálculo que se requieren (estamos hablando de meses, no de un "errorcito" de una noche - que por cierto yo probablemente tampoco perdonaría - JE). Me asusta porque la amo. Me asusta porque no quiero que la lastimen. Me asusta porque sé que puedo aconsejarla, pero es su vida, ella debe vivirla como la sienta... y yo: he de acompañarla. Me asusta que no puedo hacer nada.

Bueno, el asunto es que me quedé pensando en ella toda la noche y todo el día de hoy. Me quedé pensando en esto que yo no debería dudar. No se perdona la mentira. No se perdona el dolor a conciencia que causan. No y mil veces no. Pero ella dice que lo ama.

Y vuelvo a lo del amor. A los límites. A lo que "estamos dispuestos".

¿Se puede perdonar un engaño? ¿Se puede superar el momento y recuperar la confianza? ¿Se puede construir algo nuevo, un proyecto conjunto, sobre las bases de la mentira? ¿Se puede hablar de "amor"? El amor ¿también justifica semejante suicidio emocional? Sí, No, Tal Vez, Porqué... es lo que me pregunto, es lo que quiero saber: ¿Ustedes que piensan? ¿Que hay del mito que dice que "si te lo hizo una vez, te lo hará en cuánto le apetezca de nuevo? ¿Se puede cambiar o siempre será "una posibilidad"?

martes, 5 de febrero de 2008

TODO POR AMOR

Bueno, bueno... a pedido del público presente... estábamos en el post anterior, hablando de lugares donde la gente fuera a relacionarse, a encontrarse, a conocerse, a enamorarse. Hablamos de todo un poco y surgió (o no surgió, yo lo tiré, me hago cargo) el tema de Internet.
Y ya sabemos como son las cosas... bla, bla, bla... y ¡terminamos hablando sobre si vale la pena dejarlo todo por amor!
A ver... dediquémosle un instante: El caso supuesto era el de una pareja que se conoce por internet y que viven en diferentes provincias o países. Se conocen, chatean, se mandan mails, intercambian fotos, se ven moverse por la web cam (mucho cuidadito los agnósticos de las nuevas tecnologías de venirnos con frasesitas revolucionarias del tipo "básicamente pelotudeaban"). Pasan el encuentro face to face con éxito, viajan una o más veces para verse, mantienen una relación a distancia durante determinado tiempo... y... esa es la pregunta: ¿¿¿Y???
La cuestión es que estos dos tortolitos, para estar juntos, tienen que sacrificar algo. O al menos: uno de ellos.
Ahora volvamos a las elucubraciones: Podría haber puesto cualquier otro ejemplo porque para amar siempre hay que sacrificar algo. En principio, uno se sacrifica a sí mismo. Claro, cuando hablamos de amor de verdad, cuando hablamos del amor como uno de los actos más generosos que existen en el universo.
Hace poco, hablando con un psicólogo conocido (conocido mío, no es que el profesional en cuestión goce de renombre internacional, eh?) del tema de tener hijos, me decía justamente esto. Tener un hijo es un acto de generosidad. Porque uno pone a otra persona por delante de sí mismo, se hace cargo, se responsabiliza de un "otro", para luego legárselo al mundo (suena de fondo: "...todas las hojas son del viento..."). El amor a una pareja, el verdadero, el eterno, el que nada lo marchita, también es así (veo los buitres aleteando encima de mi cabeza). Sí, soy consciente de que el 90% de los habitantes de la tierra no lo piensan de esta manera, pero yo disiento.
En la actualidad la gente cree que amar es ir de la manito, dándose besitos por la calle diciéndose cosas como "osito", "bebé", "cosita"... y paparruchadas por el estilo. Todos creen que amar tiene que ser como cuando tenías 15 años y te parabas en todas las esquinas a besuquearte. O en los portales oscuros a manosearte. Y SÍ, ESTÁ BUENO ESO. Y SÍ, EL AMOR TAMBIÉN ES ESO. Es sentirse un boludo de la edad que tengas haciendo pavadas todo el día para arrancarle una sonrisa a tu amor. Y esa, señores, ¡es una de las mejores partes! (la otra, claro está, es el sexo! Y del bueno! Por que ya no tenemos 15 años!).
Pero, eso no lo es todo. Uno de mis gurúes Erich Fromm dice en las primeras dos líneas del libro “El Arte de Amar” (personalmente creo que es el A,B,C del amor): “¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno ‘tropieza’ si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda.”
Amar es un arte. Listo. No es fácil, no es sencillo, requiere esfuerzo.
Amar (a mi modo de ver), es poner las necesidades del otro al lado de las mías. Evaluar si pierdo algo realmente importante poniéndolas por encima de las mías o no. Y tomar la decisión. Esto lo hago para analizar si con un pequeño gesto, una renuncia, un aditamento (lo que sea) puedo hacer felíz a mi amor. Porque cuando mi amor es feliz, yo soy feliz. Esto se puede hacer en todo momento.
Hablo de cuatro simples pasos. Igualo, analizo, decido y hago. Parto de la igualdad, porque muchas veces el otro requiere cosas que uno bajo ningún concepto puede dar. Porque así como no es sano ser egocéntrico, tampoco lo es cuando lo doy absolutamente todo, o cambio mi verdadero yo en función de otro (en este caso habría que dividir los cambios solicitados entre lógicos e ilógicos, tema para otro post… cambiar defectos o actitudes nocivas). Las grandes decisiones son las más difíciles. Este ejercicio lo hago, más que nada, en pequeñas cosas. Porque las relaciones se deterioran mucho, por “peleas tontas”, cositas que a veces, si dejáramos de pensar en nosotros mismos, nos daríamos cuenta que nos cuesta muy poco hacer. Por ejemplo: Vas a salir con tu pareja y así con prisas te pones una falda (pollera) corta. Tu pareja al verte te dice que si vas a salir con una falda “tan” corta. Las mujeres estamos perseguidas por el machismo, sí, todavía hoy. Y seguramente la mayoría saldrá con algún argumento por el estilo… y ¡ZAS! Tenemos la pelea. ¿Realmente esa falda era tan importante? ¿Justificaba pasar un mal momento? Este es solo un ejemplo, piensen cuántas veces, por distintas tonterías, peleamos innecesariamente. Las únicas guerras que merece la pena pelear, son aquellas importantes. Decisivas.
Pero bueno, amar siempre implica sacrificio. Y muchas veces sufrimiento. -> Acá veo a mi Némesis “La India” diciéndome que el amor no tiene que traer sufrimiento, que el amor no pide sacrificios, etc, etc, etc <-. El amor es sufrimiento desde el instante en que se le entrega una parte de nuestro corazón a la otra persona. Y todo cuánto sufra esta persona, todo cuánto le pase, nos harás sufrir a nosotros. Y eso, es lo mínimo.
Entonces, volvamos a “dejarlo todo”: Este amor que implica trabajo. Este amor MAL llamado amor de película (porque convengamos que las mejores historias de amor están signadas por el sufrimiento, las privaciones, los desencuentros, las idas y vueltas… y sí, al final acaban bien… ¿pero no vieron la primera hora y cuarenta y cinco minutos de película?). ¿Vale dejar atrás todo aquello que conocemos, tenemos y hemos construído? ¿El amor vale el sacrificio de nuestro pequeño mundito, dónde nos movemos tranquilos porque lo conocemos, dónde nos sentimos protegidos por todo lo familiar? ¿Vale (en algunos casos) dejar la familia, el trabajo, los amigos, la casa de toda la vida, la ciudad dónde vivimos… nuestro útero de la maduréz?
¿Vale la pena encarar un proyecto de este calibre, que sabemos de antemano, no será sencillo, requerirá de todo nuestro trabajo (ya saben, eso de que hay que regar la plantita todos los días…) dejando atrás todo aquello que nos hace sentir seguros y protegidos?
Seamos sinceros, bueno, yo voy a ser sincera. A mi me da un miedo paralizante. Me quedo estática y perdida de solo imaginarlo. Intento descubrirme en un lugar completamente ajeno a mí, rodeada de extraños y con solo una mano que sostiene la mía. Es durísimo.
Es como ser dada a luz de nuevo. Como sentirme expulsada del útero materno, pero esta vez no es así. Esta vez lo he decidido yo.
Todo un mundo lleno de peligros y aventuras por vivir. De nuevos miedos hechos carne, de felicidades renovadas, un reto al destino.
¿Y saben qué? Creo que sí vale la pena. Porque dicen que el cobarde es quien frente al riesgo, teme y no lo enfrenta. Dicen que los valientes, temen y se enfrentan a su propio miedo. Y sólo los locos, no temen en lo absoluto.
También escuché por ahí, que vivir es arriesgarse, es un poco echarse al vacío. Y quien pide confortabilidad, estabilidad, seguridad, no se da cuenta, pero está un poco muerto. Para vivir hay que de vez en cuando poner la propia vida en riesgo. Y ese último escalofrío antes de tirarte al vacío es el que te recuerda que hasta que no te estrelles, estás viviendo.
Y ahora, sí, les dejo la inquietud a ustedes. A “Mi India” que me va a hablar de su mundito y del no sufrimiento, del no dolor, de lo seguro y bonito.
Parafraseando a Zeta, a mí dejénme todo ese sufrimiento que me recuerda que alguna vez he amado de verdad.

jueves, 31 de enero de 2008

ENCONTRARNOS

Como veníamos hablando, las relaciones interpersonales se vuelven cada vez más difíciles. Claro, dependiendo del tipo de relación que uno busque o desée. Un touch and go es más fácil que la tabla del 1.
El tema es cuando uno espera una relación de noviazgo, o algo más serio (o la posibilidad aunque más no fuera). Y no me estoy refiriendo solo a lo difícil de mantener una relación de este tipo hoy en día, como está la cosa de los valores y la complejidad de la comunicación entre nosotros. No. No voy a tocar un tema tan profundo por ahora (quizás más adelante). Sino, algo mucho más elemental: ¿Dónde se encuentra o se conoce gente, del tipo que pueda llegar a compartir esta inquietud? Es decir: ¿Cuáles son los lugares de encuentro para personas que sepan que es lo que desean de sus vidas?
Sí, me van a decir que en cualquier lado. Sí, gente con estas características hay en todos lados. Pero como se generan estos encuentros. Podemos chocarlos en el cine, mientras llevamos un vaso gigante de pochoclo (palomitas de maíz) en cada mano, los cruzamos en el quiosko, en la calle, en el café, en todos lados. Pero dónde se pueden encontrar, dónde se generan charlas.
En los boliches se reúnen grupos de amigos que van a pasarla bien y bailar, en contadas ocasiones alguien se acerca a hablarte, y cuando eso ocurre, casi nunca (siempre hay excepciones a las reglas, intentemos generalizar) es alguien que quiera ir más allá de una noche de lujuria, pasión y si-te-he-visto-no-me-acuerdo. En los bares pasa más o menos lo mismo. Hasta hace unos años, se usaba invitar una copa a la persona que interesaba, y si esta accedía, el otro podía acercarse a la mesa y charlar. Hoy eso es un arcaísmo.
En los lugares de trabajo, se convive con otras personas muchas horas y se puede conocer gente, pero (al menos yo pienso así): "Donde se come, no se caga". Por Dios, ¡descartemos este espacio!
En el parque, otro lugar por ejemplo, como el que tengo cerca de casa, se reúnen todos los fines de semana grupos de chicos y chicas a montones, pero no se mezclan! Cada grupo va con su grupo y se regresa de igual manera. Algo así como lo que pasa en los boliches.
Ojo! Esto no quiere decir que todo esto sea determinante. La gente, aunque con dificultades, sigue conociéndose y enamorándose, nada es imposible. Se conocen en los lugares más raros o en medio de situaciones de lo más extrañas. Pero es cierto también que hemos perdido muchos lugares de coincidencia, de reunión, de encuentros. Sobretodo las personas de edad media y los mayores. Los chicos con sus escuelas, clubes, universidades, etc, lo tiene más fácil (bah, eso creo yo... igual viene alguien más joven y me dice que nada que ver!).
Tal vez, por eso hay tanta proliferación de espacios virtuales que brindan como servicio el propiciar estos encuentros. Y los blogs, foros, chats... la gente entra como desaforada a intentar conocer personas que no te miren primero el culo o te quieran llevar a la cama. Gente que te pregunte de vos, que quiera charlar y encontrar intereses comunes.
Cada vez más, aumentan los índices de parejas nacidas de internet. Quizás porque es más fácil profundizar una relación basada en lo que verdaderamente importa (el interior de cada uno) o porque es un medio más a mano para "encontrarse a charlar, a conocer al otro". O, por ambas cosas.
Lo que es innegable, es que cada vez se escucha más, por todos lados esto de: ¿Y dónde vas a conocer a alguien serio?
Porque, y ustedes disculpen el comentario bizarro que voy a hacer: un polvo es más fácil de encontrar que una aspirina en una farmacia. Eso no implica ningún reto.
Y no vayan a pensar que aquí Cherry está por salir a cazar, eh? Cherry por ahora se ha vuelto vegetariana. Pero, como es de esperarse, ahora más que nunca escucho esa pregunta y no deja de producirme cierto cosquilleo:
¿Donde se conoce a alguien en los tiempos que corren cuando se busca algo más que un poco de placer casual?
¿Es está dificultad exclusiva de las personas de mi edad?
¿O se ha vuelto un común denominador en nuestra sociedad?
¿Cómo nos sentimos y qué pensamos de esto?
¿Que es lo que más extrañan de los antiguos métodos y lugares de seducción?

domingo, 27 de enero de 2008

IDIOSINCRACIA MASCULINA

De alguna manera sé que esta introducción que voy a hacer, no deja de ser un lugar común. Mi Peter Pan, en ocasión a un post que escribí desde su casa hace ya muchos meses, al leerlo me dijo: “Poner “ya sé que todos saben” o cosas así, no queda lindo. Vos podés redactar lo mismo y que quede mejor.” Sé que tiene razón, pero me gusta mucho ser coloquial para escribir. Así que, les cuento como surgió un poco el post de hoy.
Éramos tres mujeres tomando mates y charlando (veintitantos, treinta y tantos, y cincuenta y pico) y empezamos a quejarnos (cuando no) de lo difícil que es ser mujer. Y, la verdad, no sé muy bien cómo surge el siguiente comentario:
“Ser hombre es mucho peor”. Ups! Glup! Silencio.
Y sí, las mujeres también pensamos en los hombres y hablamos de ellos. Claro, no de la misma manera que cuando se juntan 5 tipos a hablar de mujeres. Pero eso fue también parte de la charla. Juntarse con otros hombres, implica una presión extra a "ser hombre".
Los hombres no lloran. A ver, reconocemos que hemos avanzado en eso. Desde hace unos años a los niños varones se les admite que lloren como niñas. Porque los hombres también lloran.
Ante una novia, mujer o esposa, lloran. Porque a las mujeres les gustan los hombres sensibles, entonces: los hombres también lloran.
¿Pero lloran los hombres ante una amiga? Y no nos referimos a que acabe de morírsele alguien. ¿Lloran porque tienen miedo? ¿Lloran porque les rompieron el corazón? ¿Lloran porque se equivocaron en algo? Hablemos de un grupo de amigos. No de ese amigo en particular ante el que se abren (y la verdad, me quedan mis dudas de que lloren incluso con “ese amigo”). Un grupo de amigos que se reúne como siempre a hablar de cualquier cosa, ¿hablan de sus penas?. ¿Lloran un desamor, un miedo, un error? ¿Se consuelan?. En nuestra charla surgió un temor, una sospecha: No lloran. No lloran con sus amigos, con una amiga, con alguien de la familia. No, por ser hombres han de mostrarse enteros.
Y de ahí nació la siguiente duda. Que pasa con ese dolor si está relacionado a una mujer, por ejemplo. La respuesta de la mayor de nosotras fue instantánea: “Si te acabás de separar y sos hombre, se espera que estés de maravillas. Te invitan a coger con cualquiera como si eso te solucionara el problema más acuciante: el sexo. El tema del dolor, no existe.”
Los hombres siempre tienen que demostrar que están bien, que nada les duele y que no se equivocan.
Esta idea surge de qué: si no te duele, tenés que estar bien… y si no te duele y estás bien: no te podés equivocar. Y pensamos: Si demostrás todo eso y luego sentís que podés haberte equivocado (como nos pasa a todo el mundo) ¿Cómo piloteás todas las boludeces que dijiste cuando querías venderle a los demás que estabas joya y que era lo mejor que te podría haber pasado en la vida?
Es decir: sobre la presión de “hacer como” si no te pasara nada, de bancarte que te quieran solucionar la existencia saliendo de putas, la presión de no equivocarte, tenés la presión adicional de tener que remontar un millón de tonterías dichas y hechas, para volver al lugar del que quizás nunca debiste irte. ¡Que difícil se le ha de hacer a un hombre regresar de un error! No solo por el regresar que nos cuesta a todos, hombres y mujeres, sino que además después tienen que explicarlo a este grupo de pseudo perfectos machistas sin malas intenciones (porque la verdad es que no hay malas intenciones, así se manejan y se han manejado desde siempre los grupos masculinos ¡y no conocen otra forma!).
Si tenés facha, imposible escaparse a la presión: Al respecto nos acordábamos de un señor en la cuarentena muy buen mozo y conocido de las tres. Hace dos años se había separado y en un congreso manifestó a un amigo (y a oídos de nuestra sabia guía) que lo habían invitado unas mujeres también asistentes al mismo evento, a salir a bailar. Y le ofreció acompañarlo. El amigo, un hombre unos 10 años mayor y no tan bien parecido le respondió que no, que prefería terminar de cenar e ir a acostarse. Que tal vez ya estuviera viejo para esas cosas, pero que estaba en pareja y después de muchas metidas de pata había decidido hacer las cosas bien, porque de mucho se había arrepentido. A lo que el hombre atractivo respondió: Sí, la verdad es que esto de ser el fachero recién separado es un trabajo extra. Tengo que estar siempre de punta en blanco y disponible. Y yo sé que con mi mujer nos llevábamos a las patadas últimamente y que ya está: nos separamos. Pero daría lo que fuera por estar en mi casa con mi familia. Y no mal, como estoy, y haciendo de cuenta que no me pasa nada.
Claro, para nosotras las mujeres, estas situaciones son una locura. Un absurdo total que no comprendemos ni remotamente. Nosotras lloramos, le lloramos a todo el que quiera escuchar nuestros dolores. Y siempre encontramos un corazón cálido que nos consuele. No necesitamos ponernos la máscara de la felicidad y del “está todo bien”. Podemos sangrar tranquilas por la herida. De las mujeres no se espera que salgamos al día siguiente a buscar cualquier tipo que nos “ayude a olvidar”. Si somos bellas y llamamos la atención, a ninguna otra mujer se le ocurriría decirnos: “Che, mirá que sos boluda, con tantos tipos como tenés atrás seguir lamentándote por…”
Nosotras entendemos (sin que nadie nos lo tenga que decir) que cada cuál tiene sus tiempos. Las mujeres hablamos de “luto”. Y sabemos que hay amores, que tardan años en cicatrizar.
Nos miramos un rato y sentimos cierta pena por los hombres que se exigen tanto, cuando todo podría ser mucho más fácil, y no por eso dejan de ser hombres.
No, no dejan de serlo. Incluso nosotras, llegamos a pensar, que si fueran más honestos entre ustedes y con ustedes mismos, nos resultarían mucho más hombres. Porque los veríamos más maduros y con un valor mucho más lógico de las experiencias, de la vida y de las personas con las que la comparten.
Y si… llegamos a este entendimiento pensando: ¡Que difícil es ser hombre!

martes, 13 de noviembre de 2007

SENTIMIENTOS

¿Que son los sentimientos? Estas son las típicas preguntas que nos hacemos cuando no tenemos nada mejor que hacer, pero son preguntas válidas. Bah, al menos este tipo de incógnitas han inspirado los delirios de muchos filósofos a través de la historia. Y curiosamente, uno según la vida que le va tocando y las experiencias que va viviendo, se las repregunta muchas veces, descubriendo que con el paso de los años, se adhiere (en muchas ocasiones) a diferentes corrientes filosóficas.
Es decir, durante la adolescencia siempre adherimos a las corrrientes más románticas. Los sentimientos son algo que nace del alma, incontrolable, impredecible, único, mágico e imparable. Ya, más adultos nos preguntamos si realmente es así. ¿Son incotrolables los sentimientos? ¿Son impredecibles? ¿Son únicos? ¿Son mágicos? ¿Uno no puede enamorarse de quien quiera? O, proponiendo otro caso, habiendo estado muy enamorado de una persona y tras ciertas decepciones producto del roce natural de cualquier relación, ¿uno no puede volver a enamorarse como lo estaba al principio? ¿No podemos predecir el resultado final de una contienda amorosa? ¿Acaso no nos enamoramos numerosas veces en nuestra vida? Sí, podemos enamorarnos de muchas personas distintas que definirán un tono u otro en cada relación, pero el sentimiento es básicamente el mismo. ¿Y la magia? ¿Que pasa cuando acaba? ¿Porqué acaba? Y si acaba ¿es que ese amor no era mágico? ¿O no era amor?. Estos interrogantes son los que nos hacen replantearnos muchos de los mitos que existen sobre las relaciones humanas, las relaciones que involucran amor, pasión, lujuria, ternura e incertidumbre.
Con los años, yo llegué a darme cuenta, que cuando personas desean fervientemente estar juntas, el amor renace. Eso de qué "donde hubo fuego, cenizas quedan". Quizás tenga más que ver con el deseo de hacerlo que con el fuego que hubo, porque cuando ya están ahí las cenizas podemos dejarlas así nomás o de ellas volver a encender el fuego. Si no hay intención, de nada sirve ponerse a soplar. Pero sí, he descubierto que no es cierto eso de que "cuando se acaba el amor...". Cuando se acaba el amor, uno puede volver a enamorarse... incluso ¡de la misma persona!. En estos casos, podemos decir entonces, que estamos en condiciones de predecir el amor. Al unirse, fundirse, dos intenciones en la misma dirección, solo queda un final posible: el reencuentro. En algún punto del camino, estas intenciones se cruzarán y saldrán chispas. Y no me digan que lo han intentado y no funcionó, porque solo me resta decirles, asegurarles, que si pasó eso es porque de una de las dos partes no existió el compromiso necesario. Ahora hablemos de la magia, si existió la magia, ¿porqué se extinguió? ¿No podemos echarle "sal y pimienta" para que vuelva a existir? ¿En qué consiste la magia de una relación? En el humor me diría mi amiga "La India" y su Chachus asentiría silenciosamente, curiosamente, coincido con ellos. El humor para enfrentar los momentos de desasosiego es un 90% de la magia de una relación. Poder reirse cuando se debiera llorar, es mágico. Poder abrazarse cuando debiéramos estar a los gritos, es increíble. Comerse a besos cuando todo indica una separación, es una locura, la más loca de todas las experiencias fantásticas. El humor define muchas veces lo positivo o negativo de una situación. Y el humor está directamente relacionado con el "querer". No querer de amar, sino querer de desear. Y ese deseo es conciente, no se "siente", se "elige", se "piensa". Nuevamente estoy robándole el mito a los sentimientos y los vinculo a la razón - más o menos conciente - de los seres humanos.
Casi podría afirmar que podríamos enamorarnos de cualquier persona que deseemos, solo hay una cosa que me detiene, y es eso que llamamos "piel", "química". Tal vez, esta es la parte más inexplicable de una relación. Hay personas con las que jamás vamos a sentir eso. No tiene que ver con la cama - versión vox populi - sino con el "estar". Existen personas con las que nada más entablar una charla, sentimos que las conocemos de toda la vida y con las que nos encontramos - extrañamente - cómodos al instante. Esta es la química, la piel. Sin embargo, existen muchas personas con las que sentimos esa química y no llegamos a tener relaciones amorosas. No obstante, yo creo que si lo intentáramos podríamos enamorarnos sin lugar a dudas. Porque lo sentimientos no son tan impredecibles, únicos, mágicos e incontrolables. Porque mucho de todo eso está fuertemente atado a nuestro deseo de que sea así o no. Sobretodo en los últimos tiempos, la gente ya no pregunta al enfrentarse a una ruptura ¿Pero ya no me querés? ¿Ya no me amás?, sino... ¿Pero ya no querés estar conmigo? Porque querer - amar ya no es tan contemplado como un sentimiento inalienable, sino más bien, como un deseo de sentirlo o no. ¿Será que estamos ante la desaparición del romanticismo tal y como lo conocíamos?, ¿volveremos a la racionalidad de los sentimientos? ¿Estaremos al fin preparados para la responsabilidad que implica esta nueva filosofía con respecto a nuestras relaciones?
Porque sincerándonos, el "ya no te amo" nos desculpabilizaba del fracaso de una relación, porque era algo "más allá de nosotros", ahora decir "no quiero seguir amándote" o "no quiero intentar amarte más", implica una decisión personal, algo de lo que tenemos que hacernos cargo... y eso es algo que los humanos siempre evitamos: la responsabilidad, la culpa, el compromiso. Y, sin embargo, el cambio lo hemos producido nosotros mismos, solo nos resta analizar la magnitud del cambio de paradigma, los alcances de nuestra propia decisión y hasta dónde queremos responsabilizarnos. Puede ser una nueva era de las relaciones, podemos cambiar el mundo porque nos sabemos los absolutos responsables de nuestros actos, podemos crear una razón más comprometida, mejor... o no. Los sentimientos han cambiado, nosotros hemos cambiado, podemos cambiarlo todo.


Saludos!

jueves, 25 de octubre de 2007

EN LA LUCHA

¿Hasta dónde se pelea el amor? Yo creo que hasta donde den las fuerzas. Porque cuando cierro los ojos estás ahí. Y cuando los abro estás acá. Porque es el aroma de tu cuerpo impregnado entre mis sábanas el que me persigue por las noches. Tu voz la que me susurra ronca que me levante por las mañanas.
Y no consigo despegarme de ese fantasma, el de tu cuerpo estremeciéndose contra el mío. Los dos sudorosos y agitados, los dos haciendo resonar entre cuatro paredes el acompasado ritmo del corazón.

Quizás sea esa imagen que me parece ver cuando enciendo las luces de mi habitación, tu figura descansando desnuda y la mirada perdida en la puerta que me abre paso. O el frío de mi piel cuando me recuesto y no son tus brazos quienes me contienen.
Quizás estoy peleando contra la nada, contra el olvido que me corroe. Tal vez, sea esta maldita costumbre de simplemente amar sin mirar los resultados. Sin apenas esperar nada más que un sentimiento mutuo. También puede ser que luche por un sueño, que me aferre a él sin notar que no es más que eso. Una nube rosácea que se pasea por el firmamento en el ocaso del día.
Intento imaginarme un día sin vos y no puedo. O puedo pero duele demasiado. Prefiero pensar en seguir luchando, en el siguiente paso, hasta que ya no valga la pena, hasta que ya no haya más pasos, hasta que se quiebre bajo mis pies el precipicio.
Cierro los ojos y tus manos se deslizan por mi cuerpo, juegan haciendo círculos. Y es tu boca la que roza mi piel humedeciéndola tibiamente, produciendo calor y frío. Placer y dolor.
Y abro los ojos para encontrar los tuyos, traviesos, vivos, espectantes. Y mi mano se pierde en tu pelo, mis labios se entreabren apurando el beso. Lamiendo en tu lengua la lujuria y la pasión, bebiendo de tu cuello el dulce y ácido sabor de tu piel.

Casi temblando de deseo, al borde de una tierna locura, un suave recuerdo que me recorre el cuerpo como un impulso eléctrico.
Y no sé contra qué peleo, el final, la indiferencia, la duda más afilada, el deseo desenfrenado o el incierto destino que el azar me tiene deparado. Y no sé si vale la pena esperar. Si el regocijo de la memoria me va a llevar a algún lugar.
¿Acaso no se nota mi amor? ¿Acaso no es eso lo que buscamos todos? El amor y la pasión, la locura y el sueño, el silencio ensordecedor de un "te amo" que se muere antes de ser pronunciado, ¿acaso no buscamos todos el amor que se desarma en un llanto silencioso?, ¿la mirada que todo lo dice sin abrir los labios?.

Y entonces si amo, ¿porqué peleo? Si puedo hundirme en la humedad del amor que se renueva cuando te toco, si puedo buscar tu boca y dejarme morir en ella, si puedo ser esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.

May be, mi lucha sea porque mi cuerpo solo anhela el tuyo, porque mi pasión solo te ve a vos, pero mi corazón empieza a tenerle miedo a tus dudas. Y aunque me muera por este amor, no quiero dejarlo ir. No sé rendirme cuando se trata de vos. Pero me están fallando las fuerzas y de a poco comienzo a sentirme morir.
Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.

jueves, 11 de octubre de 2007

CELOS

Que tema los celos! No? Muchos relacionan los celos con la posesión, otros con la inseguridad, los celosos: con el amor/cariño/afecto. Algunos avezados se atreven a hablar de una forma de envidia. Claro, todo depende de que tipo de celos estemos hablando. La verdad, es que existen muchos tipos. Entre amigos/as, en la pareja, en lo profesional, sobre el capital, etc. También se habla de celos justificados e injustificados... y justificaciones: sobran.
Los psicologos hablan del factor de los celos en la evolución y refieren que está íntimamente ligado a la construcción de una sociedad monogámica y fiel. Pero esto no es verdad. En culturas poligámicas, como la musulmana se habla de celos entre las esposas. La atención del varón predetermina a "la preferida" y esta se encuentra posicionada por encima de las demás, que la celan. Y en ese subcategoría a la que pertenece la mayoría la lucha por las atenciones del hombre se torna aún más sanguinaria. ¿Quien no ha leído libros o historias de intrigas dentro de un harén? Entonces, ¿los celos son realmente una parte que define la monogamia? Yo creo que no. Me parece que en la medida en que la sociedad se vuelve más capitalista y competitiva, el tema de "poseer" cobra mayor importancia. Pero realmente ¿el deseo es solo poseer? Porque no todas las personas son celosas de sus amigos/as, ni siquiera de los más allegados. No todos somos celosos del éxito ajeno, pero ciertas personas sí. ¿Como definimos entonces a una persona celosa? Los psicologos dicen que hay "celosos normales" y "celosos enfermos". ¿Realmente podemos medirlo de esta manera? Sí, todos estamos de acuerdo en que existen personas que forman vínculos patológicos, de violencia, agresión (verbal, física o psicológica), malestar. Pero, ¿los celos son enfermos, o en general, esa persona está enferma?.
La mayoría de nosotros piensa que "el celado" es quien padece los embates de su pareja/amig@. En verdad, los celosos admiten que ellos sufren mucho más, porque la sensación de pérdida o abandono se arraiga fuertemente en su vida y la transforma. Finalmente y con esta actitud, acaban propiciando lo que tanto temían. En muchas ocasiones, ellos lo saben y lo ven venir, pero les resulta imposible controlar ese estado de ansiedad que ya se ha convertido en una bola de nieve del tamaño del Amazonas.
¿Nunca han escuchado decir: Yo confío en vos, pero en las/los que no confío es en ellas/os? Muchas veces es cierto, conozco personas inescrupulosas que son capaces de cualquier triquiñuela por hacerse de aquello que desean. Pero cuando esta excusa se repite muchas veces, habrá que abrir los ojos. Otro cliché es "yo no soy celoso/a, solo prevenido/a". Y entonces, ¿porqué mejor no te dedicás a prevenir la reproducción de la langosta en tierras de cultivo? A mí dejame de joder!
Está claro que el celoso, no puede contenerse y más tarde o más temprano acabará mostrando la hilacha. Conozco personas celosas de sus amigas al punto de no querer que salgan con nadie más o que se ofenden cuando no son invitadas a TODAS las reuniones que tiene su amiga, corresponda o no. En otros casos he visto miradas de envidia o celos de algo que su amiga acaba de comprarse, o del éxito de su vida y relaciones. Cuántas veces habré escuchado comentarios sarcásticos teñidos de celos como: "Sí, si, ya sabemos que tu familia es la de los Ingalls" o "ya escuchamos que tu novio es divino y te tiene como una reina" o peor aún "no sé como conseguiste puesto con los estudios que tenés".
Con la pareja la cosa es más compleja, ya interviene directamente la posibilidad de perder al otro, razón por la cual, la discusión puede ser más cruenta.
Finalmente, yo soy una persona celosa cuando veo alguna situación que no me gusta, cuando veo actitudes, miradas o cosas extrañas, pero aún así planteo claramente que puedo permitir y que no. La decisión la dejo en las manos del otro. No busco entre la ropa, no reviso cuentas telefónicas, no me paso la vida perseguida. Y los celos, son un sentimiento que detesto tener. Supongo que es lo que se llama "normal". De todas maneras, creo fervientemente que los celos no traen nada bueno. Para ninguno de los involucrados. Pero voy a hacer una salvedad: muchas veces me he reido hasta reventar con las escenas de celos. Cuando escucho ciertos comentarios descabellados de esos que solo se les ocurren a un celoso, puedo morirme de la risa. Incluso, después de haber hecho yo misma una escena de celos, cuando la rememoro, me quedo pensando: ¿como pude decir semejante pavada? ¿en que cabeza cabe? ¿bajo los efectos de qué estaba para imaginarme algo tan enredado?. Lo cierto, es que de vez en cuando, una escenita de celos (de las "normales") teñida de buen humor, pueden ayudar a reforzar la autoestima y hacerle saber al otro cuánto se lo ama y aprecia. Los celos, en contadas ocasiones, pueden ser casi un piropo, un halago. Así que: ¡A ser celosos con moderación!